Lejos del clásico octubre de viento y polvo, Cutral Có y Plaza Huincul atraviesan semanas de una humedad casi tropical para la estepa. Entre alertas amarillas que no aflojan, festejos suspendidos al aire libre y el barro como dolor de cabeza municipal, el sol sigue sin dar la cara.
Cualquier vecino de la comarca sabe que, en condiciones normales, octubre es sinónimo de tragar tierra y pelear contra las ráfagas del oeste. Pero esta primavera 2026 decidió romper todos los manuales meteorológicos de la meseta: el viento seco cedió su lugar a los frentes húmedos del este y noreste, instalando una seguidilla de días grises, lloviznas interminables y tormentas eléctricas que parecen más del Litoral que del centro neuquino.
Los reportes vienen repitiendo la misma película desde principios de mes. Empieza una semana con lluvias, termina con chaparrones y en el medio se encadenan las alertas amarillas del Servicio Meteorológico Nacional. ¿El responsable técnico? El fenómeno de El Niño, que según las previsiones mantendrá esta tendencia inusualmente lluviosa por lo menos hasta diciembre. ¿El resultado práctico? El sol desapareció del mapa —hubo jornadas con el índice de radiación UV clavado en cero— y las máximas apenas arañan entre los 14 y los 17 grados.
El cumpleaños 93 de Cutral Có, sin desfile y al resguardo
El impacto más simbólico de este «octubre inglés» se vivió hoy mismo. Cutral Có llegó a su 93° aniversario mirando al cielo y resignando una de sus postales clásicas: el desfile cívico-militar sobre el asfalto céntrico tuvo que ser suspendido por el agua.
Con pronóstico de chaparrones durante toda la jornada, el Ejecutivo municipal no tuvo margen y mudó el acto protocolar encabezado por Ramón Rioseco al interior del Gimnasio Municipal. Ni siquiera los festejos del aniversario se salvaron de una primavera empeñada en arruinar cualquier convocatoria a cielo abierto.
La grieta del asfalto y el barro en Plaza Huincul
Pero cuando en la comarca llueve parejo durante semanas, el agua no solo arruina planes de fin de semana o fuerza a dejar la ropa colgada en el comedor cerca del calefactor; también funciona como un detector implacable de falta de infraestructura.
La diferencia entre ambas ciudades quedó expuesta en el barro. Mientras Cutral Có absorbe el temporal con una red de calles mayoritariamente pavimentada, en Plaza Huincul la combinación de lluvias constantes y obras con zanjeos abiertos transformó varios barrios en una trampa para los vehículos y los peatones.
El malestar vecinal por los pozos y el lodo escaló tan rápido que el propio intendente huinculense, Claudio Larraza, tuvo que salir a dar explicaciones mientras las máquinas municipales intentaban reparar las arterias a contrarreloj en las breves ventanas sin agua. El jefe comunal pidió paciencia y no dejó pasar la oportunidad para recordar que «por años no se hicieron obras de asfalto» en la ciudad. En política comarcal, hasta la lluvia termina abriendo el paraguas de las herencias recibidas.
Por lo pronto, quienes esperaban el fin de semana para ver si finalmente asomaba la primavera tendrán que seguir esperando. El pronóstico para este viernes apenas anuncia unos modestos 11 grados de máxima y la continuidad de la inestabilidad. En Cutral Có y Huincul, la estación de las flores sigue en pausa y con los pies en el barro.




