Añelo, Rincón de los Sauces, Zapala, Picún Leufú y la comarca petrolera muestran, cada vez que llueve con intensidad, una realidad bastante más incómoda que la de los discursos oficiales.
Hay una distancia cada vez más difícil de disimular entre lo que se anuncia y lo que ocurre cuando el agua llega.
Añelo acaba de cumplir 111 años. El gobernador Rolando Figueroa no participó personalmente del aniversario y la representación provincial estuvo a cargo del ministro de Salud, Martín Regueiro. Pocos días después, la localidad volvió a ocupar el centro de la escena, aunque esta vez por una razón muy diferente: lluvias intensas, calles anegadas, socavones, viviendas afectadas y familias que debieron ser evacuadas y alojadas en iglesias y en el SUM municipal.
En medio de aquel temporal, además, continuó la Fiesta de los Productores.
Este medio ya había planteado entonces una pregunta elemental: ¿era razonable sostener un evento de esas características mientras parte de la localidad atravesaba una situación de emergencia?
No se trata de cuestionar una fiesta popular ni el derecho de los vecinos a celebrar. El punto es otro: cuando existen viviendas inundadas, rutas comprometidas y familias que necesitan asistencia, la seguridad debería ocupar el primer lugar en cualquier decisión.
Ahora, con el paso de los días, aparecen otros testimonios que permiten dimensionar mejor el problema.
Un vecino de Añelo contó a este medio que varias familias recibieron terrenos municipales y comenzaron a construir rápidamente porque no pueden afrontar el costo de un alquiler. El problema es que esos terrenos, según su relato, todavía no cuentan con servicios básicos y las viviendas son extremadamente precarias.
“Entregaron los terrenos, no tienen luz, no tienen nada”, explicó.
También relató que a algunas familias se les entrega nylon para proteger las construcciones y que hoy necesitan chapas, camas o cuchetas.
La escena que describió después resulta difícil de compatibilizar con el discurso de una localidad que ocupa un lugar estratégico en el desarrollo de Vaca Muerta.
Contó que ingresó a una de esas viviendas y encontró a sus habitantes prácticamente sin nada, intentando atravesar el temporal en condiciones que, según su testimonio, lo impactaron profundamente.
No hace falta agregar demasiado.
Una familia que necesita una chapa para evitar que el agua entre en su casa no necesita un discurso sobre desarrollo. Necesita una solución.
El otro Añelo
El contraste adquiere mayor dimensión cuando se observa el lugar que ocupa Añelo en la agenda energética nacional.
Vaca Muerta genera inversiones, empleo, actividad económica y expectativas de crecimiento. El Gobierno provincial busca posicionar a Neuquén como un actor central en el mercado energético internacional y convertir esa expansión en desarrollo para la población.
El 19 de octubre, Figueroa participó junto al presidente Javier Milei de la inauguración de la Argentina Oil & Gas Patagonia 2026. Allí habló de competitividad, inversiones y de la necesidad de transformar los recursos hidrocarburíferos en una mejor calidad de vida para los neuquinos.
La discusión, precisamente, empieza allí.
Porque no alcanza con preguntar cuánto petróleo se produce, cuánto gas se exporta o cuántos dólares llegan a la provincia. También hay que mirar qué sucede con las ciudades que reciben todos los días las consecuencias del crecimiento.
Añelo es probablemente el ejemplo más evidente.
Es el corazón de Vaca Muerta, pero también una localidad donde algunas familias atraviesan un temporal refugiadas en espacios comunitarios, mientras otras intentan proteger viviendas levantadas sobre terrenos sin servicios.
Las dos realidades existen al mismo tiempo.
Una provincia que crece y una infraestructura que queda atrás
El problema tampoco es exclusivo de Añelo.
Rincón de los Sauces volvió a sufrir las consecuencias de las lluvias. Zapala registró anegamientos y complicaciones en distintos sectores. Picún Leufú también quedó afectada. La comarca petrolera, por su parte, volvió a mostrar las dificultades que aparecen cuando las condiciones meteorológicas ponen a prueba una infraestructura que muchas veces no creció al mismo ritmo que las ciudades.
El fenómeno merece una discusión más profunda.
Neuquén está creciendo. Vaca Muerta acelera ese proceso y genera recursos que hace algunos años parecían difíciles de imaginar. La provincia tiene la posibilidad de convertirse en uno de los principales polos energéticos de la región.
Pero crecimiento económico e infraestructura urbana no avanzan necesariamente a la misma velocidad.
Y cada temporal lo vuelve evidente.
Las calles, los sistemas de drenaje, los accesos, las viviendas y los servicios básicos terminan funcionando como una suerte de examen. Cuando las condiciones meteorológicas se complican, aparece aquello que durante los actos oficiales suele quedar fuera de cuadro.
La discusión que queda después de los anuncios
El Gobierno provincial también ha anunciado inversiones millonarias para la comarca petrolera y nuevas obras para acompañar el desarrollo de la región. Son necesarias y forman parte de una transformación que requiere infraestructura acorde con la magnitud de Vaca Muerta.
Pero una obra no debería evaluarse solamente por su presupuesto o por el impacto que tiene en un comunicado oficial. También debería medirse por los problemas concretos que consigue resolver.
Si una familia deja de ser evacuada porque su barrio cuenta con un sistema adecuado de drenaje, esa también es una obra de infraestructura.
Si una calle permanece transitable durante un temporal, también es desarrollo.
Si un terreno entregado para construir una vivienda llega acompañado de luz, agua, cloacas y condiciones adecuadas, el anuncio deja de ser solamente una promesa y se convierte en política pública.
Ese debería ser uno de los desafíos de la próxima etapa de Vaca Muerta.
No solamente producir más, sino lograr que el crecimiento se traduzca en ciudades capaces de sostenerlo.
La lluvia como prueba
La lluvia no creó los problemas de Añelo, Rincón, Zapala o Picún Leufú. Simplemente los hizo visibles.
Mostró dónde falta infraestructura, dónde existen viviendas precarias, qué barrios necesitan obras y qué familias quedan más expuestas.
Por eso resulta insuficiente explicar cada emergencia únicamente a partir de la intensidad del temporal.
Una ciudad preparada también se mide por su capacidad para resistir una tormenta.
Y una gestión pública se mide, entre otras cosas, por lo que hace antes de que llegue.
Neuquén tiene una oportunidad histórica con Vaca Muerta. Pero esa oportunidad no debería reducirse a producción, exportaciones, inversiones y anuncios.
También debería significar mejores ciudades para quienes viven allí.
Porque las celebraciones tienen fecha, los discursos tienen horario y los anuncios pueden esperar a la próxima conferencia de prensa.
Los vecinos no.
Ellos siguen viviendo en Añelo, en Rincón de los Sauces, en Zapala, en Picún Leufú y en la comarca petrolera cuando termina el acto, se apagan las luces y vuelve a llover. Y es entonces, justamente, cuando se sabe cuánto de todo lo anunciado llegó realmente a sus casas.






